
Me llamo Laura, y esta es una historia que llevo en el corazón.
Durante uno de mis viajes a Kenia, gracias a un querido amigo de Nairobi, David, conocí a una mujer extraordinaria: la reverenda Anne Mugane.
En 2002, Anne realizó un acto de puro coraje: vendió todo lo que tenía para fundar el Merciful Redeemer Children’s Home en Kitengela, a las afueras de Nairobi.
Su único sueño era uno: rescatar a los niños de las condiciones inhumanas de los barrios marginales de Kibera y ofrecerles un hogar, una nueva oportunidad de vida.
Caminando entre los muros color tierra del lugar, sentí algo único: un espacio que no es solo un refugio, sino una semilla de dignidad y esperanza.
Cada sonrisa, cada abrazo, cada juego contaba una historia de renacimiento.
Si quieres conocer mejor el Merciful Redeemer Children’s Home, puedes visitar el sitio oficial aquí:

Después de escuchar la historia de Anne y conocer a los niños, entendí que no podía quedarme solo con la emoción.
Era el momento de actuar.
Con el apoyo de varios organismos internacionales (incluidos Global Giving y Kiva), iniciamos una gran obra de renovación del Merciful Redeemer Children’s Home:
Desinfectamos todas las habitaciones, invadidas por pulgas y chinches.
Quemamos los viejos colchones y encargamos 120 colchones nuevos para los 120 niños acogidos.
Renovamos la cocina, los dormitorios y reconstruimos los baños, fundamentales para garantizar condiciones de vida dignas.

En medio de este trabajo intenso, hay momentos que llevo grabados en el alma.
Recuerdo al pequeño Paul, uno de los niños del Redeemer, que se sentó confiado sobre mis rodillas con su sonrisa inconfundible: un gesto sencillo, pero lleno de significado.
Un gesto que hablaba de confianza recuperada, de la posibilidad de sentirse por fin a salvo.
Documentamos cada fase de la transformación con fotos que dan testimonio del renacimiento de este lugar extraordinario.
Ver a los niños dormir tranquilos en sus nuevas camas, comer una comida preparada en una cocina por fin segura, estudiar en espacios acogedores: estos son los verdaderos frutos de un amor que se convierte en acción.
Para mí, esta experiencia es la prueba de que el amor en acción puede realmente cambiar el mundo, una sonrisa a la vez.