14 Jun LA CULTIVACIÓN DEL OLIVO COMO CUSTODIA DEL FUTURO
Biodiversidad, Paisaje y Clima
4º Congreso Mundial Science & Wine, Oporto – Portugal
Por Francesco Serafini, Presidente de The Garden of Peace
El 29 de mayo tuve el honor de ser ponente principal en la apertura de la sesión “Prácticas sostenibles en la producción de aceite de oliva” con motivo del 4º Congreso Mundial Science & Wine, celebrado en Oporto, Portugal.
Un evento en el que la ciencia, el vino, el aceite de oliva y la sostenibilidad se encontraron para construir una visión compartida del futuro.
Título: La cultivación del olivo como custodia del futuro: biodiversidad, paisaje y clima
El olivo no crece: medita.
Sus raíces se hunden más en el tiempo que en la tierra.
Observarlo es percibirlo escuchando al viento — como si resguardara un antiguo secreto.
Es testigo del tiempo largo. De los milenios. De la paciencia misma.
El olivo no es simplemente un árbol.
Es una frontera viva entre pasado y futuro, entre los recuerdos de nuestros abuelos y los desafíos que esperan a nuestros hijos.
Una criatura viva que nos enseña la resiliencia, la mesura y la fuerza silenciosa de lo que perdura.
Está entrelazado con nuestra espiritualidad:
mencionado en los textos sagrados de las tres religiones monoteístas del Mediterráneo — la Torá, la Biblia y el Corán —
y, sin embargo, igualmente vivo en los mitos griegos y en la poesía contemporánea.
Adorna los mosaicos bizantinos, las obras maestras del Renacimiento y los proverbios y la sabiduría del pueblo.
Pero hoy, más que nunca, debemos aprender a mirarlo con ojos nuevos.
Porque el olivo custodia las respuestas a una pregunta crucial:
¿Cómo podemos seguir produciendo sin destruir?
¿Cómo podemos habitar el futuro sin traicionar la tierra?
CAMINOS DE SOSTENIBILIDAD: De la Biodiversidad al Paisaje Cultural
1. Biodiversidad y Recursos Genéticos: las Raíces de la Sostenibilidad

La sostenibilidad comienza por las raíces. Por la genética.
Por la capacidad de seleccionar variedades locales, resilientes e inteligentes, que convivan con el clima en lugar de combatirlo.
El olivo posee un patrimonio genético extraordinario: más de 1.200 variedades registradas en el mundo.
Cada cultivar cuenta la historia de un paisaje, de una cultura.
Es un fragmento de biodiversidad agrícola que tenemos el deber de proteger y valorizar.
Sin embargo, demasiadas veces, la simplificación varietal impuesta por la mecanización y la globalización ha sacrificado esta riqueza en el altar de la eficiencia.
Pero hoy, utilizar correctamente los recursos genéticos no es solo un acto de conservación: es un acto de innovación.
Significa:
- Elegir variedades adaptadas al cambio climático
- Potenciar la resistencia a la sequía, a las plagas y a las enfermedades
- Adaptar la producción a la tierra, y no al contrario
Esto es agricultura regenerativa, no nostalgia.
Inteligencia agronómica, no romanticismo.

El proyecto liderado por el Consejo Oleícola Internacional, que tuve el honor de coordinar, involucró a 22 países del Mediterráneo y más allá.
Permitió la creación de 22 colecciones nacionales y 8 bancos mundiales de germoplasma del olivo, que hoy constituyen una auténtica “biblioteca viviente”.

Pero la conservación por sí sola no basta. Es necesario estudiar, utilizar, actuar;
Seleccionar variedades resilientes
Adaptarlas
Difundirlas
Protegerlas
Porque la biodiversidad, si no llega a los campos, queda confinada en los museos.

La olivicultura del futuro necesita variedades capaces de hacer frente a las condiciones ambientales y climáticas en constante cambio, y de afrontar las nuevas emergencias fitosanitarias, en primer lugar la Xylella fastidiosa.

El cambio climático y las nuevas enfermedades amenazan la producción olivícola a nivel global.
La erosión genética — es decir, la extinción de variedades de olivo — representa un riesgo elevado para el futuro de la olivicultura, considerando que solo alrededor del 15 % de las variedades mundiales se utilizan actualmente a nivel comercial.
Los recursos genéticos existentes del olivo podrían ofrecer respuestas y soluciones valiosas tanto frente al cambio climático como al estrés biótico, pero siguen infrautilizados debido al escaso desarrollo de actividades de premejoramiento genético y a la limitada colaboración entre los bancos de germoplasma, los agricultores y los viveros.
Como resultado, los recursos genéticos del olivo permanecen sin uso y sin expresión, simplemente conservados dentro de los bancos de germoplasma.
Las variedades de olivo de las colecciones internacionales no pueden permanecer “dormidas”, sino que deben ser valorizadas mediante acciones específicas que permitan activarlas, hacerlas accesibles y transferibles a los usuarios finales.
La protección de las variedades autóctonas y el estudio de su comportamiento agronómico en áreas específicas sientan las bases para considerar una reintroducción del cultivo del olivo que se sustente en fundamentos sólidos biológicos y ecofisiológicos.
2. El Olivo como Aliado del Clima: Secuestro de Carbono

Ya no es posible hablar de agricultura sin hablar de cambio climático.
La NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) pone a disposición un mapa interactivo que muestra las anomalías de las temperaturas globales desde 1880 hasta 2024.
El vídeo muestra la evolución de las temperaturas superficiales globales.
El azul oscuro muestra áreas más frías que el promedio, mientras que el rojo oscuro muestra áreas más cálidas. Las variaciones a corto plazo se suavizan utilizando un promedio móvil de 5 años para que las tendencias sean más visibles en este mapa.
El debate sobre la magnitud de la contribución antropogénica al cambio climático, en comparación con los factores naturales que siempre han influido en la evolución del planeta, sigue abierto.
Sin embargo, más allá de las causas, la cuestión urgente es cómo mitigar los impactos de estos cambios.
En este contexto, podemos contar con un aliado estratégico.

El olivo fue reconocido por la UNESCO en 2019 como un recurso esencial para el planeta:
sus raíces mediterráneas se han extendido por los cinco continentes, convirtiéndolo en un aliado en la lucha contra el cambio climático gracias a su capacidad de absorber más CO₂ del que emite.
Más allá de su valor simbólico, el olivo representa así un recurso concreto para nuestro planeta, gracias a su extraordinaria capacidad de adaptarse a los cambios climáticos.

¿Te sorprendería si te dijera que producir un solo litro de aceite de oliva virgen o virgen extra puede compensar las emisiones de un Fiat 500 que recorre 100 kilómetros?
Increíble, ¿verdad?
Ahora echemos un vistazo más de cerca a cómo y por qué esto es posible.
Las plantas absorben CO₂ de la atmósfera y liberan oxígeno.
Una parte del CO₂ absorbido regresa a la atmósfera a través de la respiración, mientras que otra parte se almacena en los distintos componentes orgánicos de la planta, creando así un “sumidero de carbono”.
Aunque los cultivos agrícolas tienen un ciclo de vida más corto en comparación con las especies forestales y no cubren el suelo de forma permanente con su copa, poseen un alto potencial de fijación de carbono.
Entre ellos, el olivo es una de las especies agrícolas con el ciclo de vida más largo —en algunos casos milenario— lo que lo convierte en una planta extremadamente relevante para la absorción de CO₂ atmosférico.
De hecho, el olivo, gracias a su longevidad, su estructura leñosa y su adaptabilidad, es uno de los cultivos con mayor potencial de secuestro de carbono.
Pero volvamos a nuestro FIAT 500:
según los datos proporcionados por el fabricante, este vehículo emite aproximadamente 120 gramos de CO₂ por kilómetro, es decir, 12 kg de CO₂ cada 100 kilómetros.
Ahora consideremos un olivar de 30 años:
para producir un litro de aceite de oliva virgen o virgen extra, cada árbol emite en promedio 1,5 kg de CO₂. Sin embargo, aplicando prácticas agronómicas sostenibles, ese mismo árbol puede secuestrar hasta 11,5 kg de CO₂ equivalente, almacenándolo en su biomasa y en el suelo.
El balance neto resulta así positivo, con aproximadamente 10 kg de CO₂ equivalente por cada litro de aceite virgen o virgen extra producido.
El motivo por el que me refiero exclusivamente a los aceites vírgenes y vírgenes extra es que estas son las únicas categorías obtenidas únicamente mediante métodos de extracción mecánica, sin el uso de disolventes químicos ni procesos de refinación.
Diversos estudios han comparado distintas especies arbóreas para determinar cuáles son más eficaces en “capturar” dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.
Se ha demostrado que las plantaciones de nogal o de álamo son las más eficientes: pueden almacenar unas 20 toneladas de CO₂ por hectárea al año.
Les sigue el olivo (con unas 9,5 toneladas) y el roble (con aproximadamente 4,7 toneladas por hectárea al año).
Pero si consideramos la cantidad de CO₂ capturada por un solo árbol, teniendo en cuenta también los frutos y los restos de poda incorporados al suelo, el olivo se comporta muy bien: casi 29 kg de CO₂ al año por árbol, seis veces más que el roble y casi tanto como el nogal y el álamo.
Un estudio realizado por el IFAPA en Andalucía demostró que una hectárea de olivar tradicional puede absorber entre 2,5 y 5,6 toneladas de CO₂ al año.
En sistemas intensivos sostenibles, este valor puede superar las 7 toneladas.
Pero el verdadero sumidero de carbono es el suelo.
Un suelo bien gestionado —con cobertura vegetal permanente, aplicación de compost orgánico y sin laboreo profundo— puede aumentar su contenido de carbono hasta un 30 % en diez años.
Esto significa que un olivar bien gestionado no solo evita la contaminación, sino que regenera:
Regenera el clima.
Regenera la fertilidad.
Regenera la esperanza.
El olivo nunca deja de sorprendernos:
desde siempre ha sido un regalo para quien se ha acercado a su cultivo, y en este siglo será parte integral de un sistema que deberá remediar los errores del ser humano — una vez más, la naturaleza se revela como fuente de sabiduría.
Y es fundamental que estos servicios ecosistémicos sean reconocidos también a nivel económico.
Hoy se están desarrollando protocolos científicamente validados para medir el balance de carbono en los olivares, gracias a la colaboración con instituciones académicas y redes internacionales.
¿El objetivo? Permitir a los agricultores acceder a los mercados voluntarios de carbono.
En Portugal, al igual que en Italia, Francia, España, Grecia así como en otros países, un olivicultor podrá obtener créditos de carbono vendibles a entidades privadas e institucionales, transformando el cuidado del paisaje en ingresos.
3. Europa y Futuro: Acceso a Fondos y Reconocimiento del Valor
Confiar únicamente en los esfuerzos individuales ya no es suficiente.
La transición hacia una agricultura más resiliente, regenerativa y orientada al futuro requiere herramientas estructuradas y un apoyo sistémico.
En este contexto, la Unión Europea ofrece hoy un marco sin precedentes de oportunidades financieras y estratégicas.
Hasta hace poco, la agricultura era considerada exclusivamente un sector emisor de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el informe del IPCC 2023 (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) reconoce su capacidad para absorber dióxido de carbono, abriendo así nuevas oportunidades financieras para sectores como la olivicultura.
A través del Pacto Verde Europeo, la Política Agrícola Común (PAC) 2023-2027 y programas clave como Horizonte Europa y LIFE, se han destinado millones de euros para apoyar la transición ecológica del sistema agroalimentario.
¿Cómo pueden acceder los olivicultores a estos fondos?
Deben:
- Demostrar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
- Adoptar prácticas favorables a la biodiversidad.
- Implementar acciones de conservación del suelo y mejora de la materia orgánica.
- Integrar sistemas de digitalización y trazabilidad.
Una nueva visión del valor
Lo que antes era invisible —la fertilidad del suelo, la belleza del paisaje, la riqueza de la biodiversidad— hoy puede (y debe) convertirse en ingreso, reconocimiento y orgullo.
El futuro de la olivicultura también depende de esto:
de la capacidad de aprovechar estas oportunidades y conectar conocimientos, territorios e ideas.
El olivicultor de hoy no es solo un guardián de la tierra, sino un actor estratégico en la transición ecológica de Europa.
4. Paisaje, Cultura, Comunidad: la Sostenibilidad que no se mide
Incluso durante el alunizaje, una rama de olivo dorada simbolizó la paz.
Plantar un olivo no es solo un gesto para la cosecha, sino un acto de confianza en el mañana.
Es una filosofía — una alianza entre ciencia y poesía, entre raíces y futuro.


Es uno de los tres pilares del desarrollo sostenible, junto con la sostenibilidad ambiental y la económica.
La sostenibilidad social se refiere a la capacidad de garantizar equidad, bienestar e inclusión para todas las personas, en el presente y en el futuro.
Tengo el honor de desempeñar el cargo de presidente de la asociación The Garden of Peace, una organización sin ánimo de lucro que crea jardines simbólicos compuestos por 21 variedades de olivos, cada una proveniente de un país diferente.
A través de estos jardines, buscamos unir naturaleza, cultura y compromiso social, creando espacios físicos y metafóricos que representan:
La posibilidad de convivencia entre culturas y religiones diferentes;
La resiliencia y la paz, simbolizadas por el olivo, emblema secular de vida y tradición;
Un mensaje ecológico y social: así como los olivos crecen juntos en el mismo suelo, también los seres humanos pueden vivir juntos en armonía.
A continuación, algunos de los jardines realizados por la asociación The Garden of Peace
Alhambra, Granada, España.
Consejo Oleícola Internacional, Madrid, España.
Parque de la Aljafería, Zaragoza, España.
Muchos otros jardines han sido creados en lugares simbólicos de todo el mundo, fomentando sinergias y actividades compartidas.
Este es el mensaje que deseo dejar a mis hijos y, a través de ellos, a las generaciones futuras:
un llamado a la paz, a la convivencia y al cuidado mutuo, transmitido a través del lenguaje universal de la naturaleza.


















