Directrices, posibilidades y límites para un uso responsable
El Jardín de la Paz, en su versión actual, se estructura en torno al proyecto “Territorios de Paz y Sostenibilidad”, basado en 21 variedades de olivo. Cada variedad está vinculada a un territorio emblemático, no para representar un Estado, sino un ecosistema: montañas, desiertos, costas, llanuras, islas y paisajes rurales y urbanos.
El Estado se indica únicamente como dato técnico, para identificar el país en el que la variedad se considera autóctona. Junto a ello, para cada árbol se muestran el continente y los territorios de difusión, de modo que el jardín ofrezca un mapa físico de cómo el olivo se adapta a condiciones diversas sin perder su identidad.
Las plantas utilizadas proceden de los principales Bancos Mundiales de Germoplasma del Olivo (BMGO). La selección se realiza en diálogo con investigadores y técnicos, para garantizar la correcta identidad varietal, la calidad agronómica y la coherencia con los territorios representados.
Cada árbol llega al jardín acompañado de un certificado fitosanitario que garantiza su plena sanidad. Una leyenda esencial y un código QR remiten a la ficha oficial en el sitio The Garden of Peace, convirtiendo el jardín en una herramienta fiable también para escuelas, investigadores y operadores culturales.
Un Jardín de la Paz no es solo una colección botánica: es un espacio de belleza y relación. Puede acoger talleres, recorridos educativos, eventos artísticos y momentos comunitarios, siempre que sean coherentes con el espíritu del proyecto.
La naturaleza, el arte y la educación se entrelazan para crear un entorno vivo, donde la paz se percibe en el paisaje y en la calidad de las relaciones que se construyen.
Para preservar su integridad, el uso del jardín está regulado por un acuerdo formal con la asociación The Garden of Peace. El jardín no puede utilizarse con fines políticos o religiosos ni para actividades contrarias a los valores del proyecto.
No se permiten modificaciones no autorizadas de las plantas, la disposición del jardín o la señalización oficial. El incumplimiento puede conllevar la retirada del reconocimiento oficial y la salida de la red internacional.
Las comunidades son las verdaderas guardianas del Jardín de la Paz. El proyecto presta especial atención a los pequeños territorios, portadores de tradiciones y paisajes valiosos.
El jardín se convierte así en un bien común compartido entre administraciones, escuelas, asociaciones y ciudadanía.
La colaboración intergeneracional es central: los jóvenes plantan el futuro, mientras los mayores custodian la memoria del olivo y del territorio.
La paz se arraiga en la tierra y crece junto a quienes la cuidan, comenzando por las jóvenes generaciones.
El modelo de las 21 variedades convierte cada Jardín de la Paz en un laboratorio vivo de ecosistemas, comunidades y futuro compartido.
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